María Elisa Luna: Una Invitación a Soñar“El arte es artificial y no es natural en absoluto. Crear una obra de arte no significa que uno esté imitando la naturaleza, sino más bien que uno se encuentra al mismo nivel que ella e incluso la sobrepasa utilizando medios que, de todos los seres vivientes, sólo son accesibles para el hombre”
Víctor Vasarely
Hay quienes sienten, ya desde niños, una pulsión que los guía a crear casi instintivamente. Se encuentran pintando o esculpiendo desde que tienen noción de ser y no podrían dar cuenta de su vida, menos de su historia, sin un lienzo delante que les plantee el maravilloso desafío de enfrentarse a lo desconocido. Maria Elisa Luna pertenece a otro grupo; forma parte de aquellos que un buen día comienzan a percibir el despertar del cosquilleo creativo que empieza a ocupar cada día más espacio dentro de sus prioridades, hasta lograr imponerse como un imperativo categórico al cual no puede más que obedecerle.
Sin embargo, Maria Elisa nunca estuvo lejos de la artista que es hoy. Comenzando sus estudios en el campo del diseño de indumentaria, pasando por el diseño textil y finalmente anclando su búsqueda en las clases de pintura de la Escuela de Bellas Artes Priliano Pueyrredón, María Elisa dejó que sea su arte quien la guíe. Y fue de la mano del arte geométrico, conceptual, del Op art, de la impronta que dejaron en su formación artistas como el holandés Maurits Cornelis Escher, el argentino Pablo Siquier, permanente referente e inspiración en su producción, y muy particularmente, el húngaro Víctor Vasarely, emblema si los hay cuando se quiere definir la intensidad del juego óptico combinado con la mirada del espectador ávido por participar de una seductora danza con el artista a través de su obra.
La pulsión artística no se puede falsear, se siente o no; aun cuando toma muchos años en aflorar la necesidad de plasmarla en obras concretas, hay huellas que se van dejando en el camino de la vida que denuncian una superestructura creativa, aun a pesar de las propias intenciones del artista. El arte logra filtrarse entre los baches que dejan los prejuicios (externos e internos), y una vez que “ganó la calle”, es inútil intentar detener su marcha hacia la libertad.
Libertad; una palabra que va perfectamente con la búsqueda de Maria Elisa Luna, por eso no hay bandera estética que la apadrine sino maestros que la instruyen y la inspiran sin condicionarla. Maria Elisa deja que su sensibilidad le marque los límites; ella no los busca ni los determina. Combina lo textil con lo simbólico, lo abstracto con una aparente figuración que tan pronto como creemos descifrarla, nos desafía a afilar la mirada hasta percibir fácilmente que es otro de los juegos mentales que la abstracción nos plantea para incentivarnos a fantasear. Cuando la obra cobra forma y se desprende de su creador, pasa a ser una entidad en sí misma que lo trasciende y que nos invita a contemplarla y consumirla desde la sensibilidad. Obras como las de María Elisa, pensadas como un diálogo donde la intensidad y planimetría cromática nos tienden una red tramposa que captura nuestra mirada y nos hace participar de la construcción de sentido, son obras que, tal las reflexiones de Vasarely, toman provecho de aquellos medios de los cuales solo el hombre puede disponer, para crear un artificio fantástico que nos permite soñar.
Humilde y de paso firme, María Elisa se siente hoy por hoy empezando su camino como artista plástica. Con producciones recientes donde los protagonistas son los diseños monocromáticos (serie BYN), o un variado despliegue de colores (serie Croma), la artista va trazando el rumbo que intenta abrirse en el campo del arte: combina y genera interesantes contrastes hipnóticos de color, entrelaza las formas sin por ello hacerles perder a cada una su identidad dentro del todo; identidad que hace de cada figura y cada tono, los portadores de una presencia única e irrepetible. La tensión, la metáfora, el ensueño, lo ilimitado asociado indefectiblemente a un constante fluir de pensamientos, formas, ritmos que estimulan el campo perceptivo del espectador, obligándolo a pensar frente a la obra. Obra que no se encuentra cargada de un sentido previo más que la intensión del artista de invitarnos a movernos con total libertad en un terreno que acepta y promueve la multiplicidad interpretativa.
Las construcciones creadas por Maria Elisa Luna se adaptan a las representaciones que queremos ver en ellas y nos cuentan las historias que estamos dispuestos a escuchar. Nos satisfacen porque toman la forma que le imprime el molde de quien los mira…y cuán gratificante puede ser ver lo que uno desea!
María Carolina Baulo